Hace unas semanas un amigo chino que se encontraba mal (con diarrea y vómitos) me dijo que pensaba que podría tener el ébola. Obviamente pensé que era una broma de mal gusto. Pero cuando se puso bueno me dijo que menos mal que no era ébola.Estos días me he encontrado este cartel en cada esquina de la Universidad: ¿tienes fiebre?, ¿vómitos?, ¿diarrea?, ¿sangras?… entonces puede que tengas el ébola. Lo ponen en chino porque ponerlo en inglés y francés dejaría muy claro que va directamente dirigido a los muchos estudiantes africanos de la facultad… pero eso lleva a que los chinos lo lean más que nadie. Y se lo crean.
Así que así es como el ébola ha llegado a China. O al menos a la mente de muchos chinos… Y luego decimos que en Occidente somos catastrofistas.
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Hace unas semanas un amigo chino que se encontraba mal (con diarrea y vómitos) me dijo que pensaba que podría tener el ébola. Obviamente pensé que era una broma de mal gusto. Pero cuando se puso bueno me dijo que menos mal que no era ébola.
Estos días me he encontrado este cartel en cada esquina de la Universidad: ¿tienes fiebre?, ¿vómitos?, ¿diarrea?, ¿sangras?… entonces puede que tengas el ébola. Lo ponen en chino porque ponerlo en inglés y francés dejaría muy claro que va directamente dirigido a los muchos estudiantes africanos de la facultad… pero eso lleva a que los chinos lo lean más que nadie. Y se lo crean.

Así que así es como el ébola ha llegado a China. O al menos a la mente de muchos chinos… Y luego decimos que en Occidente somos catastrofistas.

Hora punta

El otro día no me quedó más remedio que coger el transporte público en hora punta en Pekín. Y no sé cómo pero estoy aquí para contaroslo. En esta ciudad de 17 millones oficiales de habitantes (con otros 6 no tan oficiales) la mayor parte de los transportes se realizan en transporte público y resulta que poca gente puede trabajar enfrente de donde vive así que durante las horas puntas se produce un proceso como sardina-enlatamiento de la población. Los vagones del metro se convierten en un camarote de los Hermanos Marx con el añadido de que cada dos minutos y medio los que están más lejos de las puertas quieren salir, los que están fuera quieren entrar y los que están en las puertas no se quieren mover.

La tensión se masca ya en las colas de los controles de seguridad, donde todo el mundo tiene que pasar cualquier bulto que lleve para ser controlado (aunque a mi me dejaron pasar con un cuchillo jamonero que compré en Ikea, así que no sé qué vigilan). Luego, la bajada a los infiernos, digo a los andenes… el chino que sale del trabajo digamos que no es un ser de gráciles movimientos y tiende a pararse en mitad de cualquier escalera (contestar al último mensaje es esencial).

Luego llegan las colas, una a cada lado de la puerta del tren. Y otras cinco alrededor con los que intentan colarse. Y los vigilantes gritan. Y las puertas se abren. Y los que quieren salir se encuentran con una masa de gente que quiere, necesita, entrar. Pero los de dentro están como estatuas, anclados al hueco que habían pillado al entrar.

Ya te toca entrar. Respiras por última vez (si tienes suerte la última vez antes de que se vuelvan a abrir las puertas, si no… pues la última) y entras. La falta de oxígeno ayuda a sobrellevar el trayecto.

Pero toca salir. Te han ido empujando poco a poco hasta el final del vagón así que toca abrirse paso entre una serie de estatuas inmóviles.

Del trayecto en autobús mejor no hablo, os enseño la foto y juzgáis.

Festival de mitad del otoño

Ayer, 9 de septiembre, cuando aún quedan 12 días de verano, se celebró en China el festival Zhongqiu, o lo que es lo mismo, el festival de mediados de otoño. Aquí van a otro ritmo. Sinceramente, conociéndolos, más que ir mes y medio adelantados, yo diría que van diez meses y medio retrasados. Pero bueno, también celebran las fiestas de primavera en enero a 25 grados bajo cero. 

Pero bueno, a lo que iba, que ayer hubo fiestuqui por todo lo grande por estas tierras sobrepobladas y, como en cada fiesta china hay una tradición. Parece ser que todo comenzó cuando un señor, Houyi, que era muy bueno con el arco, salvó a la tierra al derribar a flechazo limpio 9 de los 10 soles que se empeñaban en recalentar la tierra. Así que el Dios Celestial, que en estas tierras tiene poco de infinitamente misericordioso, condenó tanto a Houyi como a su mujer Chang’e, quienes por cierto parece ser que eran inmortales, a vivir en la tierra siendo mortales. ¿Por qué? Pues porque esos diez soles eran los traviesos hijos de dicho dios. En fin, que Chang’e estaba muy triste con eso de hacerse vieja y el buen arquero fue a buscar una píldora de la inmortalidad. Y se debió encontrar al mismo que se la dio a la duquesa de Alba, porque resulta que volvió a casa con la pócima. Pero la buena de Chang’e se la tomó entera para ella solita lo cual, como os imagináis, le provocó salir volando hasta la Luna, donde vive siendo inmortal. Pero no está sola. Y no porque crean en los selenitas (¡no están tan locos!), sino porque la acompaña un conejo galáctico que ya vivía en la luna. 

¿Y qué tiene que ver esto con celebrar ayer el festival de mediados de otoño? Pues que si miráis por la ventana, veréis que ayer fue luna llena. ¡A que ahora cuadra todo! Luna, fiesta, conejo. No me miréis con esa cara…

Y a lo práctico. ¿Qué se hace durante esta festividad? Pues reunirse la familia y/o los amigos y comer juntos. Y hay un dulce típico: las tartas de la luna. Son unos pastelitos hechos con una masa blandita y rellenos de delicias como yema, piña seca, carne dulce, más yema, mango seco, judías rojas dulces o lo que sea que aquí consideren que se puede clasificar como dulce… es decir, una delicia que todo el mundo debería probar antes de asegurar que estos chinos no tienen ni idea de hacer un pastel en condiciones.

Y para muestra, un botón. Bueno, dos:

¿Alguna vez habíais pensado que conseguir un número de teléfono requiere un análisis completo del mismo? Pues en China sí. Cuando vas a comprar una tarjeta SIM, lo primero que te encuentras son listas como estas (en otros sitios más avanzados lo puedes hacer a través de varias pantallas de ordenador). En esas listas tienes todos los números disponibles que se encuentran en esa tienda. Y es que no todos los números son iguales. El 4 da mala suerte. El 6 Y el 8 buena. El 9 también está bien. Un 1 y un 4 seguidos, iNUNCA! También gustan los números consecutivos y los que se repiten. Por eso hay varias listas. 
Un número de teléfono suele costar entre nada y 5 yuanes (0,6€) pero si quieres alguno especial con muchos 8, sin 4 o con repeticiones puedes llegar a pagar más de 100 yuanes (12€) si encuentras alguno libre. 

Como apunte final, en las tiendas que ofrecen la elección a través del ordenador, puedes acabar volviéndote loco con todas las opciones de repeticiones, números excluidos, secuencias (AABB, ABAB, AAABB … ) que permiten elegir tu número favorito. 
¿Alguna vez habíais pensado que conseguir un número de teléfono requiere un análisis completo del mismo? Pues en China sí. Cuando vas a comprar una tarjeta SIM, lo primero que te encuentras son listas como estas (en otros sitios más avanzados lo puedes hacer a través de varias pantallas de ordenador). En esas listas tienes todos los números disponibles que se encuentran en esa tienda. Y es que no todos los números son iguales. El 4 da mala suerte. El 6 Y el 8 buena. El 9 también está bien. Un 1 y un 4 seguidos, iNUNCA! También gustan los números consecutivos y los que se repiten. Por eso hay varias listas. 
Un número de teléfono suele costar entre nada y 5 yuanes (0,6€) pero si quieres alguno especial con muchos 8, sin 4 o con repeticiones puedes llegar a pagar más de 100 yuanes (12€) si encuentras alguno libre. 

Como apunte final, en las tiendas que ofrecen la elección a través del ordenador, puedes acabar volviéndote loco con todas las opciones de repeticiones, números excluidos, secuencias (AABB, ABAB, AAABB … ) que permiten elegir tu número favorito. 

¿Alguna vez habíais pensado que conseguir un número de teléfono requiere un análisis completo del mismo? Pues en China sí. Cuando vas a comprar una tarjeta SIM, lo primero que te encuentras son listas como estas (en otros sitios más avanzados lo puedes hacer a través de varias pantallas de ordenador). En esas listas tienes todos los números disponibles que se encuentran en esa tienda. Y es que no todos los números son iguales. El 4 da mala suerte. El 6 Y el 8 buena. El 9 también está bien. Un 1 y un 4 seguidos, iNUNCA! También gustan los números consecutivos y los que se repiten. Por eso hay varias listas. 

Un número de teléfono suele costar entre nada y 5 yuanes (0,6€) pero si quieres alguno especial con muchos 8, sin 4 o con repeticiones puedes llegar a pagar más de 100 yuanes (12€) si encuentras alguno libre. 

Como apunte final, en las tiendas que ofrecen la elección a través del ordenador, puedes acabar volviéndote loco con todas las opciones de repeticiones, números excluidos, secuencias (AABB, ABAB, AAABB … ) que permiten elegir tu número favorito. 

No le llamen censura

  • El País
  • The New York Times
  • Le Monde
  • Wikipedia (muchas entradas relacionadas con política y China)
  • Google
  • Twitter
  • Facebook
  • Youtube

Todas estas páginas tienen dos cosas en común: 1) Atentan contra la moral o la seguridad nacional (china) de alguna manera, y 2) por lo tanto son inaccesibles desde cualquier terminal del país. 
Lo que no entiendo es que telecinco.es no esté bloqueada, eso atenta contra todo lo atentable…

Y no os preocupéis, el camarada Xi me permite informarme de lo que pasa en España de manera fiable gracias a la Gaceta de Intereconomía y Público. ¿Cómo me enteraría yo si no de que Pujol estafaba hasta a las brujas o que las mujeres no pueden ser maquilladoras en Bollywood?

Pero bueno, nada de censura, es por nuestro bien. O el suyo, no me acuerdo.

Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…
Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…

Para todos aquellos que hayan visitado esta ciudad y se hayan ido con la impresión de que siempre está cubierta de cielos grises, estas fotos demuestran que no es así. Durante dos días al año se puede disfrutar de cielos limpios y escasas nubes que hacen del atardecer visto desde Jinshan, una pequeña colina artificial (¡qué raro, algo artificial por aquí, eh!) construida con la tierra dragada para hacer los fosos de la ciudad prohibida. Era antiguamente el punto más alto de la ciudad…

La vida sigue igual

Llevo aquí una semana y me estaba acordando de cómo fueron mis primeros días en Beijing hace un año. Gris sería el color más propio para definirlos. No en plan dramático, sino que entre el cielo gris y la nube de contaminación a nivel suelo, todo se veía gris. Pues bueno, parece que nada ha cambiado. Los dos primeros días hizo un sol que ni en Murcia y un aire que parecía recién traído de los Pirineos. Pero la realidad volvió a imponerse y Beijing vuelve a ser esa ciudad escondida tras una gran nube de humo. O bajo ella, no sé, lo rodea todo.

Una amiga que está de visita por estos lares y cuyo nombre no diré me preguntaba si este clima era muy común… ¡Ay Laeti, no sabes lo que te perdiste al salir de aquí…!

Además llueve. Pocas veces vi llover en Beijing, pero ahora parece ser que le ha cogido el gustillo. Y los conceptos de «drenaje», «alcantarillado», «bujeros en el suelo pa tragarse el agua sobrante», no los tienen muy interiorizados así que de un momento a otro Beijing se convierte a nada que cae un simple diluvio universal en la Venecia de China (una de las muchas, claro). Y yo que me dejé el arca en casa. Y el papel higiénico en la tienda.

Aparte de eso poco ha cambiado. Hay más vallas en las calles (les gustan mucho las vallas para que sólo cruces por donde debes), más paneles luminosos y más iPads. 

En fin, la vida sigue igual.

En China antes de llegar a Beijing

Dubai. Tres de la mañana. Vuelo EK306 dirección a Beijing. Se oyen los primeros carraspeos seguidos de su correspondiente escupitajo (¡Habrán caído en alguna papelera!). Empujones en la cola. Más bien codazos. Hay que pillar sitio donde poner las bolsas de Gucci, Versace y Carolina Herrera. Grandes recuerdos.

Dentro del avión huele a algo conocido, alguna mezcla rara de especias y hay vapor por todos lados. ¡Fideos instantáneos!

En mitad de la película un brazo pasa por delante con un móvil en la mano. Quiere hacer una foto por la ventanilla que está a la izquierda. Se echaba de menos ese «hago lo que quiero».

Cuando el olor a fideo instantáneo se diluye y parece que es un alivio, el olor a pies rápidamente lo sustituye. ¡Por qué no volverán a sus fideos, esos sí que olían bien!

Los niños ya se ponen nerviosos, normal, van 20 minutos de vuelo. Corren, saltan gritan. Trepan por los asientos. El hombrecillo de la derecha no para de hacer aspavientos. No le han puesto palillos para comerse el pollo. El pobre no tiene ni idea de cómo usar ese curioso instrumento metálico y serrado con el que se espera que corte la pechuga en trocitos. Vuelve a estirar el brazo para hacer otra foto. La nariz queda rascada.

El vuelo se acerca a su destino, suenan los primeros móviles. Hay hasta quien los contesta. Las azafatas se miran impotentes, la costumbre del que llaman «el vuelo del olor de pies». Una rueda, y otra. El avión está en el suelo, los cinturones se desabrochan, los maleteros se abren, empiezan a correr a la puerta. A los diez minutos, el avión llega a la terminal. Son los primeros en salir, pero las escaleras mecánicas están estropeadas. Se hacen colas para subir en ascensor, que los 12 escalones son excesivos.

Al llegar a aduanas desaparecen los codazos, ya no hay empujones, hasta se puede andar más tranquilamente. Solamente quedan unos seres sin bolsas de marca, con sus maletines, con cara de tranquilidad, que hacen colas rectas, que dejan un espacio mínimo entre uno y otro. Los niños de esos seres que visten en su mayoría con ropas que si no siempre combinan bien, al menos no producen dolores de cabeza, no van dando patadas a diestro y siniestro. Estos seres son los que aquí llaman waiguoren. Extranjeros. Benditos sean. Y los de los empujones también, claro.

Por cierto, brilla un sol precioso. ¡A ver cuánto dura!

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