Idiomas de Europa

Nota previa: aquí todos los idiomas se llaman con el nombre del país más una partícula, quedando algo así como “idioma de España”, “idioma de Inglaterra”.

Camarero: ¿Y tú de dónde eres?
Yo: De España.
Camarero: Ahh, allí se habla inglés, ¿no?
Yo: No, español. No es lo mismo.
Camarero: Ahh, interesante. ¿Y ella?
Yo: Ella es griega.
Camarero: Allí sí que se habla inglés, ¿verdad?
Yo: No, allí hablan griego.
Camarero: … (cara de perplejidad) ¿No se habla inglés?
Yo: No. En España, español; en Francia, francés; en Alemania, alemán; en Portugal, portugués… y así.
Camarero: ¡Ahh qué interesante, tiene lógica. Pero, ¿no os liáis?
Yo: …

Nada

Nada. Eso es lo que hablan en las noticias chinas sobre la llegada del señor don Mariano a Shanghai. Ni en el principal periódico de China, ni en los principales locales de Beijing y Shanghai (ciudad a la que ha llegado). ¿Y para qué van a hablar de la visita del presidente de las corridas de toros y el flamenco? Porque eso es lo que somos: toros y flamenco. Y para los que me conocen, toros, flamenco y gente cabreada porque odia el flamenco y los toros. Y poco más.

El español cada vez tira más aquí, en muchas universidades se estudia y las academias empiezan a prosperar. Pero seamos sinceros, igual que el inglés se habla por los americanos, el español se habla por los americanos. Los otros, los de debajo de Río Grande. Así que no es raro que se sorprendan aquí cuando se enteran de que en España se habla español (dato: español en chino se dice “lengua de España”) porque piensan que la “lengua de España” se habla en Sudamérica. Que para eso la estudian. Porque en Europa se habla inglés. Y eso sí lo saben: España está en algún punto de Europa. 

Así que, Señor don Mariano, no se preocupe usted si se olvidan de comentar su llegada o su salida en los periódicos locales… al fin y al cabo no ha tenido ni el detalle de venir vestido de faroláis. 

PD: Lo de no saber qué idioma se habla en Españistán me suele pasar con gente de cuarenta para arriba. Los post-revolución cultural ya están más informados. Salvo por los toros y las flamencas.

PD2: Me acabo de ver el video de la llegada de este señor al aeropuerto y ha hecho una cosa maravillosa: darle un beso a una niña china de 10 años y luego tocarle la cara. Algo que en China se ve maravillosamente bien. Sólo le ha faltado chocarle los cinco a Li Keqiang (el primer ministro).

Nunca he oído cómo atropellan a un gato, pero debe ser muy parecido al sonido de este instrumento si no se toca bien… y cuando se toca bien, también suena como a gato atropellado, pero por un Mercedes.En fin, que el erhu, que es como se llama a este instrumento de dos cuerdas (er el numeral “dos” y hu las cuerdas de un instrumento) dan ambientillo a las calles pequinesas. 
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Nunca he oído cómo atropellan a un gato, pero debe ser muy parecido al sonido de este instrumento si no se toca bien… y cuando se toca bien, también suena como a gato atropellado, pero por un Mercedes.
En fin, que el erhu, que es como se llama a este instrumento de dos cuerdas (er el numeral “dos” y hu las cuerdas de un instrumento) dan ambientillo a las calles pequinesas. 

Hace unas semanas un amigo chino que se encontraba mal (con diarrea y vómitos) me dijo que pensaba que podría tener el ébola. Obviamente pensé que era una broma de mal gusto. Pero cuando se puso bueno me dijo que menos mal que no era ébola.Estos días me he encontrado este cartel en cada esquina de la Universidad: ¿tienes fiebre?, ¿vómitos?, ¿diarrea?, ¿sangras?… entonces puede que tengas el ébola. Lo ponen en chino porque ponerlo en inglés y francés dejaría muy claro que va directamente dirigido a los muchos estudiantes africanos de la facultad… pero eso lleva a que los chinos lo lean más que nadie. Y se lo crean.
Así que así es como el ébola ha llegado a China. O al menos a la mente de muchos chinos… Y luego decimos que en Occidente somos catastrofistas.
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Hace unas semanas un amigo chino que se encontraba mal (con diarrea y vómitos) me dijo que pensaba que podría tener el ébola. Obviamente pensé que era una broma de mal gusto. Pero cuando se puso bueno me dijo que menos mal que no era ébola.
Estos días me he encontrado este cartel en cada esquina de la Universidad: ¿tienes fiebre?, ¿vómitos?, ¿diarrea?, ¿sangras?… entonces puede que tengas el ébola. Lo ponen en chino porque ponerlo en inglés y francés dejaría muy claro que va directamente dirigido a los muchos estudiantes africanos de la facultad… pero eso lleva a que los chinos lo lean más que nadie. Y se lo crean.

Así que así es como el ébola ha llegado a China. O al menos a la mente de muchos chinos… Y luego decimos que en Occidente somos catastrofistas.

Hora punta

El otro día no me quedó más remedio que coger el transporte público en hora punta en Pekín. Y no sé cómo pero estoy aquí para contaroslo. En esta ciudad de 17 millones oficiales de habitantes (con otros 6 no tan oficiales) la mayor parte de los transportes se realizan en transporte público y resulta que poca gente puede trabajar enfrente de donde vive así que durante las horas puntas se produce un proceso como sardina-enlatamiento de la población. Los vagones del metro se convierten en un camarote de los Hermanos Marx con el añadido de que cada dos minutos y medio los que están más lejos de las puertas quieren salir, los que están fuera quieren entrar y los que están en las puertas no se quieren mover.

La tensión se masca ya en las colas de los controles de seguridad, donde todo el mundo tiene que pasar cualquier bulto que lleve para ser controlado (aunque a mi me dejaron pasar con un cuchillo jamonero que compré en Ikea, así que no sé qué vigilan). Luego, la bajada a los infiernos, digo a los andenes… el chino que sale del trabajo digamos que no es un ser de gráciles movimientos y tiende a pararse en mitad de cualquier escalera (contestar al último mensaje es esencial).

Luego llegan las colas, una a cada lado de la puerta del tren. Y otras cinco alrededor con los que intentan colarse. Y los vigilantes gritan. Y las puertas se abren. Y los que quieren salir se encuentran con una masa de gente que quiere, necesita, entrar. Pero los de dentro están como estatuas, anclados al hueco que habían pillado al entrar.

Ya te toca entrar. Respiras por última vez (si tienes suerte la última vez antes de que se vuelvan a abrir las puertas, si no… pues la última) y entras. La falta de oxígeno ayuda a sobrellevar el trayecto.

Pero toca salir. Te han ido empujando poco a poco hasta el final del vagón así que toca abrirse paso entre una serie de estatuas inmóviles.

Del trayecto en autobús mejor no hablo, os enseño la foto y juzgáis.

Festival de mitad del otoño

Ayer, 9 de septiembre, cuando aún quedan 12 días de verano, se celebró en China el festival Zhongqiu, o lo que es lo mismo, el festival de mediados de otoño. Aquí van a otro ritmo. Sinceramente, conociéndolos, más que ir mes y medio adelantados, yo diría que van diez meses y medio retrasados. Pero bueno, también celebran las fiestas de primavera en enero a 25 grados bajo cero. 

Pero bueno, a lo que iba, que ayer hubo fiestuqui por todo lo grande por estas tierras sobrepobladas y, como en cada fiesta china hay una tradición. Parece ser que todo comenzó cuando un señor, Houyi, que era muy bueno con el arco, salvó a la tierra al derribar a flechazo limpio 9 de los 10 soles que se empeñaban en recalentar la tierra. Así que el Dios Celestial, que en estas tierras tiene poco de infinitamente misericordioso, condenó tanto a Houyi como a su mujer Chang’e, quienes por cierto parece ser que eran inmortales, a vivir en la tierra siendo mortales. ¿Por qué? Pues porque esos diez soles eran los traviesos hijos de dicho dios. En fin, que Chang’e estaba muy triste con eso de hacerse vieja y el buen arquero fue a buscar una píldora de la inmortalidad. Y se debió encontrar al mismo que se la dio a la duquesa de Alba, porque resulta que volvió a casa con la pócima. Pero la buena de Chang’e se la tomó entera para ella solita lo cual, como os imagináis, le provocó salir volando hasta la Luna, donde vive siendo inmortal. Pero no está sola. Y no porque crean en los selenitas (¡no están tan locos!), sino porque la acompaña un conejo galáctico que ya vivía en la luna. 

¿Y qué tiene que ver esto con celebrar ayer el festival de mediados de otoño? Pues que si miráis por la ventana, veréis que ayer fue luna llena. ¡A que ahora cuadra todo! Luna, fiesta, conejo. No me miréis con esa cara…

Y a lo práctico. ¿Qué se hace durante esta festividad? Pues reunirse la familia y/o los amigos y comer juntos. Y hay un dulce típico: las tartas de la luna. Son unos pastelitos hechos con una masa blandita y rellenos de delicias como yema, piña seca, carne dulce, más yema, mango seco, judías rojas dulces o lo que sea que aquí consideren que se puede clasificar como dulce… es decir, una delicia que todo el mundo debería probar antes de asegurar que estos chinos no tienen ni idea de hacer un pastel en condiciones.

Y para muestra, un botón. Bueno, dos:

¿Alguna vez habíais pensado que conseguir un número de teléfono requiere un análisis completo del mismo? Pues en China sí. Cuando vas a comprar una tarjeta SIM, lo primero que te encuentras son listas como estas (en otros sitios más avanzados lo puedes hacer a través de varias pantallas de ordenador). En esas listas tienes todos los números disponibles que se encuentran en esa tienda. Y es que no todos los números son iguales. El 4 da mala suerte. El 6 Y el 8 buena. El 9 también está bien. Un 1 y un 4 seguidos, iNUNCA! También gustan los números consecutivos y los que se repiten. Por eso hay varias listas. 
Un número de teléfono suele costar entre nada y 5 yuanes (0,6€) pero si quieres alguno especial con muchos 8, sin 4 o con repeticiones puedes llegar a pagar más de 100 yuanes (12€) si encuentras alguno libre. 

Como apunte final, en las tiendas que ofrecen la elección a través del ordenador, puedes acabar volviéndote loco con todas las opciones de repeticiones, números excluidos, secuencias (AABB, ABAB, AAABB … ) que permiten elegir tu número favorito. 
¿Alguna vez habíais pensado que conseguir un número de teléfono requiere un análisis completo del mismo? Pues en China sí. Cuando vas a comprar una tarjeta SIM, lo primero que te encuentras son listas como estas (en otros sitios más avanzados lo puedes hacer a través de varias pantallas de ordenador). En esas listas tienes todos los números disponibles que se encuentran en esa tienda. Y es que no todos los números son iguales. El 4 da mala suerte. El 6 Y el 8 buena. El 9 también está bien. Un 1 y un 4 seguidos, iNUNCA! También gustan los números consecutivos y los que se repiten. Por eso hay varias listas. 
Un número de teléfono suele costar entre nada y 5 yuanes (0,6€) pero si quieres alguno especial con muchos 8, sin 4 o con repeticiones puedes llegar a pagar más de 100 yuanes (12€) si encuentras alguno libre. 

Como apunte final, en las tiendas que ofrecen la elección a través del ordenador, puedes acabar volviéndote loco con todas las opciones de repeticiones, números excluidos, secuencias (AABB, ABAB, AAABB … ) que permiten elegir tu número favorito. 

¿Alguna vez habíais pensado que conseguir un número de teléfono requiere un análisis completo del mismo? Pues en China sí. Cuando vas a comprar una tarjeta SIM, lo primero que te encuentras son listas como estas (en otros sitios más avanzados lo puedes hacer a través de varias pantallas de ordenador). En esas listas tienes todos los números disponibles que se encuentran en esa tienda. Y es que no todos los números son iguales. El 4 da mala suerte. El 6 Y el 8 buena. El 9 también está bien. Un 1 y un 4 seguidos, iNUNCA! También gustan los números consecutivos y los que se repiten. Por eso hay varias listas. 

Un número de teléfono suele costar entre nada y 5 yuanes (0,6€) pero si quieres alguno especial con muchos 8, sin 4 o con repeticiones puedes llegar a pagar más de 100 yuanes (12€) si encuentras alguno libre. 

Como apunte final, en las tiendas que ofrecen la elección a través del ordenador, puedes acabar volviéndote loco con todas las opciones de repeticiones, números excluidos, secuencias (AABB, ABAB, AAABB … ) que permiten elegir tu número favorito. 

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